viernes, 17 de febrero de 2012

Cosas del cielo

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque yo estaré contigo en dondequiera que vayas. Josué 1,9

Me levanté esta mañana pensando en esta cita que una amiga me envió ayer para darme su apoyo por la etapa más dura y dificil que nos ha tocado vivir a mi esposo y a mí.

Quisiera tener las fuerzas para pensar en esta cita cada mañana y saber que vale la pena seguir viviendo si tengo en mi mente un propósito mayor para mi vida, algo que en mi interior siempre quise hacer pero que la corriente me desviaba constantemente.

Una parte de mí aun no se siente preparada para escribir este blog; la otra siente que será como una autoayuda, como un desfogue de lo que llevo adentro y debo sacar cada día. Pero creo que lo que más me animaría a continuar es el saber que a través de mi experiencia, estaré dando fortaleza y esperanza a otras personas que están pasando o han pasado por momentos similares en su vida.

Mi esposo y yo tenemos un angel en el cielo. Tenía yo ocho meses de embarazo cuando Dios nos dijo que tendríamos que esperar un poco más, que nuestro angel debía regresar al cielo y que volvería después, quizás con un cuerpo más fuerte.

Sabemos en nuestro corazón que así será; sentimos que Dios nos dice eso y que debemos ser fuertes y valientes, cargar con esta cruz y seguir viviendo; que Dios tiene un propósito para cada cosa y que esto no es más que una etapa previa a una verdadera y plena felicidad.

Hoy, estamos más unidos que nunca y hemos decidido empezar de nuevo con todo. Y a pesar que recomiendan no tomar decisiones en estas circunstancias, desde que esto sucedió, me seducía la idea de hacer un cambio radical en mi vida, algo que honre el espíritu de nuestro pequeño y que le deje preparado un gran regalo para su regreso: unos padres que se aman más y un proyecto para apoyar a otros matrimonios en su camino a la plenitud y la fe en Dios.

Asi que decidí dejar mi negocio que hacía tres años había empezado y que me dio muchas satisfacciones personales. Tal vez en otras circunstancias hubiera sentido tristeza, pero esta vez me sentía más bien libre, tranquila, sobretodo decidida. No me veía ya ocupando mi tiempo en cosas que reconforten mi amor propio o que me den dinero, sino desapegarme de todo lo que ha estado por mucho tiempo adherido a mí, por que yo lo decidí así, y ocupar mi tiempo, desde ahora, en cosas que permanezcan para siempre, esas cosas a las que Dios llama: cosas del cielo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario