Hoy tuve un día muy especial. Estuve toda la tarde con mi madre, quien pidió vacaciones en su trabajo para pasar un tiempo conmigo; más tarde almorzamos con mi padre y luego visitamos a unos familiares. Realmente aprecié el tiempo que Dios me estaba dando con ellos, pudimos conversar de muchas cosas valiosas y que yo, particuarmente, necesitaba conocer, y sentí en todo momento el amor de Dios a través de ellos.
Supe, además, de cuanta necesidad de Dios existe dentro de las familias de mi familia. Mientras escuchaba cada realidad, cada situación dificil que viven algunas de ellas, sentía un gran impulso por estar cerca, por darles ánimo, por estar allí para cada uno y escucharlos, y ayudarlos a salir adelante a través de la fe.
Pasaron por mi cabeza miles de ideas, algunas un poco locas, pero movidas por el deseo de genera un cambio positivo en sus vidas... Cuando llegué a casa y conversé con mi esposo, y luego de un pequeño momento de meditación, sentí que ese ánimo se había bajado un poco; pensé: ¿por siento necesario ver las escenas más fuertes de la Pasión de Cristo, escuchar una canción cristiana reflexiva u oir algún testimonio o experiencia fuerte de alguien cercano para experimentar ese impulso por hacer algo al respecto en ese momento y siempre? ...porque después, no se mantiene con la misma intensidad... Le preguntaba a Dios ¿por qué? y le pedía al mismo tiempo que me de las agallas para enfrentarme a eso que me ha pone en frente, pues de nada sirven las buenas intenciones.
Sobre el pecado que nos aleja de Dios y de toda felicidad...
La cochinilla es un insecto que produce una sustancia conocida como carmín, que es usada en el negocio de los colorantes naturales para aplicar a diversos productos. Para que se reproduzca, ésta es implantada en la planta de la tuna. Cuando le ha extraido todos sus nutrientes, la tuna empieza a morir. No se pueden mantener las dos al mismo tiempo. Si quieres consevar la cochinilla, debes arriesgar la tuna, y si quieres conservar la tuna, debes extraer toda la cochinilla y cuidarla de que no se vuelva a implantar. Pero, aunque las dos sirvan como negocio, la cochinilla resulta ser la más rentable.
El pecado es como la cochinilla. Cuando dejamos que entre en nuestras vidas, no podemos tener la felicidad, conservando el pecado al mismo tiempo. Y una vez que hemos conocido e pecado, éste puede llegar a ser tan atractivo que ya no podemos desprendernos de él.
Si no sabemos amarnos como Dios nos ama, si prevalecemos el dinero, los bienes materiales y los diplomas por encima de los bienes del espíritu y del tiempo dedicado a nuestra familia, si somos egoistas, yoistas, rechazamos ser humildes, perdonar y pedir perdón, y aun así pretendemos que las cosas en nuestro matrimonio, la relación con nuestros hijos, nuestro negocio, nuestro éxito personal prospere, es porque tenemos una visión muy equivocada de la vida. Durante el poco tiempo que he podido dedicarle a la oración desde que aprendí este carisma en uno de los movimientos católicos en los que participo, si algo he aprendido de la palabra de Dios es que si buscamos primero el reino de Dios, todo lo demás lo tendremos por añadidura. Buscar el reino de Dios es, en pocas palabras, ser meredores de ser hijos suyos, es tratar de ser cada vez más parecidos a Cristo y buscar ser instrumentos de Dios para que, a través nuestro, él pueda llegar a otros. -Donde estás hoy, es porque Dios te puso con algún propósito- Pero también he aprendido y sigo aprendiendo que Dios lo perdona todo si nos mostramos realmente arrepentidos. "Dice el Señor-: Aunque sus pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana. Si están dispuestos a escuchar, comerán los bienes del país" Is. 1, 10. 16-20
Dios escucha y habla a aquel que muestra un corazón humilde y dispuesto a pedir perdón, y lo enriquece con sus dones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario