miércoles, 21 de marzo de 2012

Estudiar, Orar, Pintar


Si bien es cierto que parte de la motivación que me llevó a escribir esta historia y llevarla a su publicación fue el libro de Elizabeth Gilbert “Comer, Rezar, Amar” por la forma cómo ella describe una de las más trascendentales experiencias que pasó en su vida después de su divorcio, llena de cambios, descubrimientos y retos, particularmente lo que más me ha movido a escribir sobre mi experiencia ha sido el deseo de dejar por escrito un testimonio de lo que ha significado para mi esposo y yo vivir lo más fuerte que nos ha tocado en la vida, acompañados de la manos de Dios.

Y así como Gilbert resume en tres palabras su libro, yo resumo en otras tres palabras este capítulo que describe resumidamente todos los cambios que empecé, entre ellos, nuevas actividades que nunca pensé que emprendería, al menos en esta vida…

Uno de ellos, y el principal, fue que iniciamos una rutina diaria matinal de oración, lo cual nos viene ayudando muchísimo, a pesar de que no siempre es una muy buena oración, es decir, cuando a veces hay resequedad o días en los que no sentimos la voz de Dios.

Lo otro fue que por fin empecé a pintar al óleo, algo que siempre quise hacer pero nunca me decidí. Fue emocionante ir de compras por mis materiales de pintura, entre ellos caballete, diversos colores de óleos, pinceles de todos los tamaños y formas, diluyentes y mi primer lienzo, en el cual ya he plasmado mi primera pintura: una yegua y su potrillo.

Y finalmente, y esto es algo que nunca pasó por mi mente en mis 32 años, he iniciado a capacitarme en Terapia de Parejas a través de un taller que imparte una institución peruana en asociación con otra de Atlanta, especializada en Terapia de Parejas. 

La idea de esto último se dio cuando mi esposo y yo iniciamos el movimiento Unidos, cuyo objetivo es el apoyar a los matrimonios jóvenes, novios y en general a toda la familia a llevar una vida plena, apoyados o conducidos por la fe, pero, valgan verdades, los problemas maritales o familiares muchas veces requieren de apoyo profesional, y esto es algo que no podríamos ofrecer sin una adecuada y completa capacitación. El tiempo disponible que me permite ahora el hecho de no dirigir más mi propio negocio, y el trabajo de mi esposo, que gracias a Dios nos mantiene en una situación medianamente cómoda, me ha permitido inscribirme en este taller de 4 meses, pero que se dicta en meses bien distanciados. En la primera clase que llevé, recuerdo lo fascinada que estaba; sentía que eso era lo mío, que definitivamente tenía vena de terapeuta, aunque nunca antes se me haya pasado por la cabeza, más allá de un particular gusto por los temas relacionados a la psicología o filosofía del amor. Además, tengo en mente trabajar en un mediano plazo con parejas que requieran de esta ayuda, a la que yo especialmente complementaría con la divinidad que Dios me permita poner en sus vidas, fungiendo de instrumento suyo.

Otras de las actividades que estoy llevando por primera vez son clases semanales de meditación con mi esposo, clases de yoga dos veces por semana, y ahora a darle fuerte con la preparación de las charlas de pareja y familia que tenemos pensado iniciar en una semana en una zona dentro de San Juan de Miraflores. El material que tengo de mi primer módulo del taller de Terapia ayudará significativamente a estas charlas, estamos seguros de eso.

Y en un abrir y cerrar de ojos, aparentemente, tengo una nueva vida… de comunicadora publicitaria paso a terapeuta de parejas “cristiana”, de diseñar en una PC, paso a pintar a mano alzada y sobre lienzo, de dirigir una empresa comercial propia, paso a dejarme dirigir por Dios como ayudante en su propia empresa espiritual, de no tener tiempo para orar, paso a un ritmo constante de oración, meditación y yoga de pasada, para ejercitar las articulaciones y relajar el espíritu. Hasta la posición de la cama llegamos a cambiar, los colores de las paredes de nuestra habitación y la habitación contigua, la hora de levantarnos, la ubicación de nuestro plasma, la música que escuchamos, la forma de vestirnos en algunos casos, nuestra forma de dialogar y de discutir… y sí, también el mantenernos todavía un poco alejados de la mayoría de nuestros familiares (de la familia extensa), y amigos.

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