sábado, 10 de marzo de 2012

Juramento

Hace un par de días estaba de rodillas haciendo un juramento. Le decía a Dios que le entregaba mi vida, lo poco que tengo y soy, con mis defectos y mis debilidades, que si lo consideraba, me usara como instrumento para que él llegue a otros que lo necesitan. Me sentí comprometida a cumplir a cabalidad este juramento y me sentía feliz. Pero conociendo la debilidad propia del ser humano, le pedí también que si me caía, me ayudara a levantarme para continuar, pero que no iba a rendirme. Dios me creó con un propósito muy claro, y aunque yo misma aun lo vea un poco nublado, sé que con la oración diaria y la fe, encontraré el camino, encontraré la voluntad de Dios tan clara como el agua, resplandeciente y llamándome a hacerla.

Ese mismo día, mientras conversaba con mi madre echadas las dos en el gras de un parque de Miraflores, cerca al Faro, veía cómo se iban apareciendo las niñeras de las casas aledañas, cada una con uno o dos niños a quienes cuidaban. Después de detenerme a pensar de cómo hay padres que se pierden de esos preciosos momentos de estar con sus hijos jugando, viéndolos reir, caminar, correr, gritar... grata fue mi sorpresa cuando me topé con la mirada de uno de esos niños, de aproximadamente un año. Era muy hermoso, con una sonrisa coqueta y mirada profunda. Pasó frente a las dos y siguió corriendo sonrriente. Después de unos segundos, cuando ya estaba a unos 15 metros de nosotros, el niño se detuvo, volteó, me miró, sonrió e hizo un gesto con su manito, como saludándome o despidiéndose. Luego se alejó. En esos instantes percibí algo que me hizo poner sensible. Sentí que mi hijo se había posado por unos segundos en ese niño sólo para saludarme y hacerme recordar que estaba allí conmigo, y que no perdiera las esperanzas de que muy pronto volvería. Me sentí tan agradecida con Dios por ese regalo... mi madre también lo notó y me dio más fuerzas saber que ella siente lo mismo, que Dios en su corazón le dice que su nieto estará con ella pronto, en carne y hueso, y el mismo espíritu que conocimos de él.

Tal vez Dios me está diciendo que él también tiene un juramento frente a nosotros: el que seamos eternamente felices, con una familia grande y sana, con nuestro hijo de regreso con nosotros, y haciendo misión en miles de familias.

"Es, pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve." Hebreos 11,1

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